Exodo 20:3 dice “No tendrás otros dioses delante de mí”. Ese es el título de este artículo y también el primero de los mandamientos que entregó Dios a Moisés en el monte Sinaí y que regirían la vida de todo el pueblo judío. Y este conjunto de mandamientos, según Jesús lo dijo más adelante en Mateo 5:17 está vigente hoy, y es un llamado activo a todos los que seguimos a Cristo pues él no dejó la ley atrás sino que, por el contrario, la vino a perfeccionar y a cumplir.
«Pero yo no tengo ningún otro Dios», es lo primero que nos viene a la mente, y hasta añadimos “yo no me inclino ante ninguna imagen, no tengo estatuas, tengo la firme convicción de que hay un solo Dios”. Con esas frases nos llenamos de orgullo considerando que somos cumplidoras de la ley, y olvidamos la pequeñas y grandes evidencias que demuestran nuestra culpa y nuestras adoración a los ídolos.
En mi caminar con Cristo una y otra vez he reconocido, en medio de mucho dolor y luego de profundas luchas, que otorgo atributos de mi Dios a cosas que no los tienen. Algunas de ellas incluso son buenas, y realmente lo único que está mal es la manera en la que yo me relaciono con ellas, pues las vuelvo el centro de mi vida y de mis pensamientos, convirtiéndolas en aquello que me atormenta, me consuela, ocupa la mayor parte de mi tiempo o me envuelve en temor.
Juan Calvino, uno de los grandes reformadores dijo que el corazón del hombre no es otra cosa que un perpetuo taller para fabricar ídolos, pues tenemos una inmensa capacidad para idolatrar casi cualquier cosa, comenzando por nosotras mismas, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros problemas y hasta pandemias.
Hablemos entonces de uno de los atributos del verdadero Dios y de cómo se los asignamos a otras cosas, otorgándoles así el poder que realmente no tienen. Cosa que nos hace esclavos o siervos de un falso dios. Dios es omnipotente, esto quiere decir que es todo poderoso. Siendo realistas, eso es lo que creemos de nuestros problemas. Creemos que una enfermedad vendrá a matarnos antes del tiempo determinado por Dios; creemos que el dinero que nos ganamos con el fruto de nuestro esfuerzo, y gracias a nuestros talentos es lo que nos sustenta; creemos que el amor de otros, sean esposo, hijos, amigos, hermanos, padres, será lo que nos complete y llene el vacío en el alma. Creemos que estamos atados a nuestras adicciones, compulsiones y falsamente nos hemos convencido de nuestra incapacidad de liberarnos de la tiranía de una adicción, de una relación enferma, y que el peso de nuestro pecado nos perseguirá a donde quiera que vayamos.
Dios es poderoso para hacer todo lo que Él desea. Lo que creamos o no de él, no cambia nada de su naturaleza, pero sí cambia mucho de la nuestra. A él nada lo toma por sorpresa y él reina en todo lugar. Que Dios sea omnipotente significa que nada es imposible para Él y no existe nada que le sea difícil (Mateo 19:26).
Él está en control de la naturaleza: de todos los animales, los océanos, montañas, terremotos, tormentas de nieve, torbellinos, tempestades, el sol, la luna y las estrellas (Job 38: 4:41). A él no lo gobierna tu falso dios ni lo ata para obrar en tu vida. Sea cual sea ese temor gigante que te aplasta, Dios reina sobre él. ¿Puedes creer esto?, ¿puedes ver cómo el que era antes de todo tiempo, el que es y que será, el que tiene contados los cabellos de tu cabeza y pone las estrellas en su sitio, sigue reinando y está en control? Entonces, descansa y aférrate a esa verdad y al único Dios.

Apasionada por compartir a Cristo.

